El carácter del creyente

Génesis 3:13

“Dios se dirigió entonces a la mujer, y le dijo: ¿Qué es lo que has hecho? Y la mujer le respondió: La serpiente me tendió una trampa. Por eso comí del fruto.”

El proceso de madurez incluye la aceptación de nuestros errores.

El proceso de tener buen carácter incluye reconocer, pedir perdón y cambiar.

Hay riquezas valiosas dentro de la vida Cristiana que no deben ser ignoradas.

Cuando hablamos de vida espiritual no sólo nos referimos a la raíz y el tronco, que son la Relación con Dios y la Santidad, también hablamos de la forma de las ramas y las hojas.

Las ramas y hojas en el árbol del Creyente

Quiero comparar al creyente con un árbol.

Cómo dije anteriormente, las raíces y el tronco que determinan el género y el fruto del árbol son los más cuidados, pero las ramas y las hojas también importan.

La Rama del Carácter

Sin Carácter el fruto no se sostiene. Sin carácter no hay extensiones para dar sombra. Sin carácter no se puede entregar el fruto y por ende no rebrota la semilla.

La oración te da la unción, pero el carácter te ayuda a retenerla. La Relación manifiesta en tí lo sobrenatural, pero el carácter lo mantiene sobre tí.

Adán y Eva tenían el soplo de Dios dentro de ellos, estaban en el mejor lugar de la tierra, con la misma Presencia, pero su carácter fue débil para soportar tanta riqueza.

Mucha gente pide y el cielo no le da no por falta de fe, sino por falta de carácter. No hay la capacidad para sostener lo que se pide.

El carácter debe ser fuerte y extensible a todos los horizontes de forma saludable y conectado a la savia.

La Rama de la Madurez

Pablo mismo dice: “Ya no sean más niños en la fe, en la revelación y en la conducta”

Porqué ser niños en la fe es pedir de forma caprichosa, sin entender y sin valorar el costo que tuvo el acceso de una oración al trono de la Gracia. Ser niños en la revelación es creer que yo tengo toda la Unción, toda la verdad, toda la Gracia y que lo demás es inferior. Ser niños en la conducta es aún vivir de la autoestima Natura, es vivir para proyectarse y razonar de forma caprichosa.

A mayor experiencia, mayor madurez. Pero hay que hacer lo que dijo el Profeta Isaías: “Paraos en los caminos” o lo que dijo David: “Ir a su casa para inquirir Sabiduría” o lo que dijo Salomón: “Busca la verdad y la ciencia” de éstas cosas se fortalece la rama de la madurez, de éstas virtudes se desarrolla mejor la vida. Cuando exprimimos las experiencias y bebemos de su jugo agrio, pero necesario es cuando la rama de la madurez se desarrolla.

Las Ramas de la Disciplina

En la vida Cristiana hay que Morir al YO cada día. No se puede consentir la carne, ni tolerar que las bajas pasiones tomen decisiones en nosotros.

Tal vez no sonará de la mejor forma, pero el mundo mira nuestro esfuerzo por ser mejores y lo pesa cada día. La autodisciplina nos lleva a una vida de renuncias, sacrificios y entrega constante. Es una carrera de dolor, de desgarre del alma.

Todos veían a Jesús sufrir, pero dentro del Él imperaba el propósito. Así debe ser nuestra entrega, no es por una aceptación humana, sino por un propósito mayor.

Pablo dijo “Si el comer carne es ocasión para que mi hermano se pierda, entonces me abstengo, porque más importante es que él se salve a que yo coma carne”

Entonces, autodisciplinarse es pesar en balanza el propósito y mis deseos, y siempre debe pesar más el Propósito, porque es la rama que el mundo ve.

Las hojas del testimonio

Vivimos en un mundo con “Prójimos” donde todos te miran y todo lo que haces importa. No estás aislado.

Cómo miembros de un organismo vivo que es el cuerpo de Cristo, debes entender que todo lo que dices construye o destruye a alguien, como te vistes, como actúas, como ejerces el llamado sí importa, tus hojas son visibles aunque no lo sea tu raíz y tú tronco.

Si tienes una asignación como Adán en el huerto donde Dios te colocó, debes administrar ese llamado con la prudencia de la palabra.

El daño más grave que ha sufrido la iglesia en los últimos tiempos no viene de las tinieblas, sino del testimonio de los Creyentes modernos.

Cuando la biblia nos dice que “daremos cuenta” nos habla de asumir responsabilidad por la conducta que sembramos en otros. Entonces todo lo que hacemos IMPORTA.

Por eso nuestras hojas deben ser transparentes ante los hombres y ante los dos Reinos. Porque el Reino de los cielos te respalda si tus hojas son buenas y el Reino de las tinieblas te acusa si tus hojas son sucias.

 

 

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