Poniendo a Dios por encima de todo

1 Reyes 11:4

“Y cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de su padre David.”

Cómo puede alguien tan sabio como Salomón haberse desviado tanto de los caminos del Señor? ¿Su sabiduría se había convertido en orgullo? ¿Pensaría él, y no Dios, que era responsable de su riqueza y bendiciones?

Durante veinte de sus cuarenta años de reinado, Salomón pareció usar su sabiduría de una manera agradable a Dios. Sin embargo, se hace poca mención de su vida de oración. Aunque Salomón ofrecía sacrificios en el templo tres veces al año, no hay registro de si tenía una vocación por la oración durante estas visitas, lo que tal vez significa que eran una formalidad.

Salomón llenó su vida de tesoros, y ahí es donde terminó su corazón, las Santas Escrituras afirman: Así excedía el rey Salomón a todos los reyes de la tierra en riquezas y en sabiduría.. (1Rs 10.23). Una promesa que Dios había hecho. (1 Reyes 3:13).

Con toda esta sabiduría, las riquezas no deberían habérsele subido a la cabeza. ¡Pero lo hicieron! Jesús dijo: Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. (Mt. 6.21). Una vez que el corazón de Salomón se fijó en la riqueza material, fue fácil para sus mujeres extranjeras alejarlo del Dios que lo había bendecido tan ricamente.

Cualquiera de nosotros puede estar tentado a poner diferentes cosas por encima de nuestra relación con Dios. Por eso debemos pedirle que nos muestre si alguna posesión o deseo está interfiriendo en nuestra comunión y relación con Él, y en caso de haber algo que nos haya alejando de sus enseñanzas pedirle sabiduría y fuerza para resistir la tentación de apartar nuestros corazones de Él.

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