La oración es el oxigeno del alma

Nehemías 4.6-9

“Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar. Pero aconteció que oyendo Sanbalat y Tobías, y los árabes, los amonitas y los de Asdod, que los muros de Jerusalén eran reparados, porque ya los portillos comenzaban a ser cerrados, se encolerizaron mucho; y conspiraron todos a una para venir a atacar a Jerusalén y hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y por causa de ellos pusimos guarda contra ellos de día y de noche.”

El pueblo de Dios respira aire más limpio que los demás. Por eso es más saludable. Nehemías aprendió esto cuando el y un grupo israelitas reconstruyeron  las murallas de Jerusalén en cincuenta y dos días.

Los enemigos de Nehemías eran implacables en su hostilidad. De numerosas formas trataron de destruir la obra. En una ocasión sus enemigos acordaron atacar a Jerusalén y provocar disturbios en ella.

Pudo haber sido una tarea sencilla, pero la respiración fue su ruina. Estos enemigos de Dios respiraban el odio. Si alguna vez ha estado en un salo de reunión mal ventilado, sabe lo pesado que puede ponerse el aire Esto fue lo que sucedió en el Espíritu de los enemigos. Respiraban un aire viciado que les impedía pensar bien.

Sin embargo, no fracasaron por eso. Fíjese en el comentario de Nehemías en contraste con la actividad del enemigo “Oramos entonces”

La oración le dio al pueblo una mejor comprensión, tomaron una decisión prudente y Nehemías pudo guiarlos con eficacia.

De arriba llegaba abundante aire fresco para la respiración vertical a través de la oración. El resultado fue montar guardia y as frustraron los planes del enemigo.

Que el aire que respiramos a diario no esté viciado con nuestras ideas y perjuicios . Solo se necesita un alma despectiva para manchar nuestro pensamiento.

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